Amor

CONFIAR

Para poder caminar en esta experiencia manifestando todo nuestro potencial, necesitamos aprender a confiar, en nosotros y en lo que está más allá de lo que pueden ver nuestros ojos. La confianza es la condición para poder sentir verdadera seguridad y, además, es un importante indicador del nivel de evolución energética y espiritual en el que nos encontramos.

Confiar es creer que seré capaz, y que tú también lo serás. Es transformar la manera que tenemos de mirarnos y de mirar. Confiar implica ver todo y cualquier cosa con ojos nuevos, con una mirada que ha olvidado lo que es el miedo, porque, ya sabes, que confiar y tener miedo no tienen ningún tipo de compatibilidad.

La confianza en mí me permite explorar y explotar todo mi potencial, me proporciona una fuerte sensación de seguridad y de pertenencia, me invita a superarme, me hace avanzar, me demuestra que si creo, puedo, y, además, me abre las puertas para poder confiar en ti y en todo lo demás. Confiar es la fe que me dice: “soy capaz”. Es llevarme de la mano, es convertirme en mi propio aliado.

La confianza en el Universo me regala relax, me ayuda a quitarme cargas, hace que se esfume esa tendencia, tan propia del ego, de querer controlar. Me da fuerza para continuar, me ayuda a crear espacio para disfrutar y, algo fundamental, me permite recibir, ofrecer y ver milagros. Solo si confiamos, podremos abrirnos a descubrir el poder, el amor y la fuerza que se esconde detrás de todo.

Confío cuando elijo dar una oportunidad a lo que mis ojos no pueden ver. Cuando escojo creer únicamente en lo que me hace bien. Cuando, pese al miedo, me permito soltar el control. Confío cuando tengo una actitud optimista, cuando estoy presente, cuando perdono el pasado y dejo de preocuparme por un futuro que todavía no ha llegado. Confío cuando medito, cuando, poco a poco, suelto y entrego. Cuando permito lo que siento y no lo bloqueo. Cuando dejo que todo lo que soy, sea, y cuando fluyo sin resistencias con todo lo que está siendo. Confío si dejo de prestar tanta atención a las creencias de miedo y me permito enfocarme en lo que intuyo y siento, en definitiva, en lo que no veo. Confío cuando imagino, cuando juego, cuando disfruto y cuando sonrío. Cuando estoy en paz conmigo, contigo y con todo. Cuando me perdono, me cuido y me protejo. Cuando me reconozco y sé que soy digno.

Confiar es fundamental para poder vivir de verdad. Sin confianza, todo se convierte en un motivo de sospecha y de recelo. Creamos resistencias, ansiedad y un fuerte deseo de controlar, de retener y de guardar. Si no somos valientes y elegimos confiar, entonces, estaremos dando autoridad al miedo, a algo que, como sabemos, solo habita en nuestra mente. Confiar en el miedo es creer en lo que no es real.

Para recuperar la confianza en mí mismo tengo que trabajar. Debo ponerme en valor, comprometerme a no hacerme daño y a darme, cada día, más cariño y más amor. Para confiar, debo aprender a perdonarme y a darme las gracias. Tengo que dejar de tenerle miedo al fluir de la vida. Tengo que soltar la carga y desapegarme. Tengo que sentir. Tengo que elegir creer en amor en vez de en miedo. Tengo que escoger oportunidad y merecimiento. Tengo que sentir que soy digno de todo lo bueno.

Hoy elijo confiar en mí, en ti y en el Universo.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

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PERDONARNOS

La vida cambia radicalmente cuando descubres, y después integras, que no estamos aquí para pasar pruebas, ni para aprender nada, ni para redimir culpas, ni para sacrificarnos, ni para padecer en ninguna medida. Estamos aquí para cumplirnos y para ser lo que siempre hemos sido. Estamos aquí para desarrollar toda nuestra potencialidad y para atrevernos a manifestarla. Nuestro propósito es recordar quiénes somos y perdonarnos por lo que, erróneamente, nos hemos creído que somos. Estamos aquí para expandirnos y para brillar, para ser lo máximo que podemos ser. En última estancia, estamos aquí para desaprender y para desvincularnos de los millones de creencias limitantes, basadas en el miedo y en la separación, que, a lo largo de nuestras experiencias, hemos construido consciente e inconscientemente.

En nuestras vidas, vemos escasez, enfermedad, dificultad y mucha ausencia de, y eso que vemos es el resultado de haber creído a ciegas en el miedo, de haber vivido y asumido experiencias de miedo, de habernos autoengañado creyéndonos limitados, culpables y no merecedores. Pero la enfermedad o la escasez en cualquiera de sus formas, no nos están pidiendo que aprendamos nada nuevo ni que nos superemos, no. No enfermamos para aprender, ni manifestamos escasez para aprender, ni el sufrimiento nos llevará al paraíso, no. Enfermamos como consecuencia de arraigas creencias de miedo, manifestamos escasez como resultado de sostener creencias de escasez. Lo que vemos allá fuera se nos muestra para que podamos ver lo alejados que estamos de la Verdad, de nuestra Esencia, nos suplica que utilicemos nuestro libre albedrío para dejar de creer en lo que solo es un invento de la mente del ego, nos invita a recordar, nos empuja a que volvamos al amor, a que nos pidamos perdón por hacernos tanto daño, y a que recordemos y regresemos a nuestro estado natural, a nuestro punto de partida, a nuestra conexión con todo lo que hay Arriba.

Con firmeza hemos creído que la” vida es difícil”, que si recibimos algo tenemos que justificarlo, que “lo bueno se acaba”, que “todos tenemos una cruz”, que “lo que no mata engorda”, que “no se puede tener todo en la vida”, que el Universo Dios nos da pero también nos quita. Para eso es dios (por supuesto con minúscula), ¿no? Hemos creído en la suerte, también en la posibilidad de la injusticia. Hemos creído que “la enfermedad forma parte de la vida”. Y lo más grave, hemos creído en el pecado y en que somos pecadores.

Sí, somos pecadores, pero nuestro único pecado es el de habernos creído lo que es absolutamente falso. Nuestro gran pecado es el de habernos alejado del amor, del merecimiento, de la libertad, de la paz y de la plenitud que siempre hemos sido y que nos corresponde como hijos de “Papá Universo” o Dios, como queramos llamarlo. Ese es el único pero el gran pecado que hemos cometido, y por el que deberíamos perdonarnos: por haber creído en el miedo y en lo que es falso.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by The Bialons

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"AMOR" ROMÁNTICO

De película, incluso de telenovela.

Ese que nos hace sentir maripositas en el estómago. Ese que nos lleva a idealizar a la otra persona, a sonreír sin parar y a crear expectativas sin límite.

En realidad, nos hemos enamorado de la idea que tenemos del "amor" romántico, que generalmente es la mezcla resultante de unas cuantas novelas, memorias, fantasías, películas y series de televisión. Generalmente, le damos la responsabilidad a la otra persona de ser lo que nosotros, en nuestra mente, hemos construido como ideal de pareja.

El "amor" romántico es mentiroso, nos dice que el otro va a ser capaz de hacernos felices. Nos impide verle de forma completa. Nos embauca haciéndonos creer que la otra persona, por nosotros, cambiará. El "amor" romántico nos engaña a través de la idea de posesión. Nos hace creer que  necesitamos, que somos escasos, que una pareja será capaz de cubrir nuestro vacío existencial.

El "amor" romántico parte de la escasez, de la idea de que a mi me falta algo que el otro va a poder suplir. El "amor" romántico me lleva a la necesidad, y desde ese lugar, es imposible amar. El "amor" romántico me hace creer que poseo, quiere que sienta que el otro es algo mío, que me pertenece, y eso, creo yo, no tiene mucho que ver con el amor de verdad. El "amor" romántico cree que somos mitades, medias partes, medios melones, medias naranjas. El "amor" romántico piensa que sin "su" otra mitad nunca será completo, ni feliz, ni pleno. Y eso, desde luego, no se parece en nada al amor de verdad. 

El "amor" romántico es todo menos amor. El "amor" romántico nos impide amar. Solo cuando nos comprometemos a soltar esa forma de relacionarnos, podremos descubrir lo que significa amar de verdad. Solo cuando nos liberamos de la necesidad, de la expectativa, de la posesión y de la idealización, podremos dar y tendremos el suficiente espacio para recibir amor. La necesidad del otro nos conduce al miedo a la pérdida. La expectativa nos abre la puerta a la desilusión, la posesión nos lleva al drama del abandono y la idealización nos impide ver la realidad.

El amor observa y reconoce al otro como un ser completo. El amor no necesita. Entre amar y necesitar existe una absoluta incompatibilidad. El amor no posee, no acapara, no desea que el otro sea algo distinto de lo que es. El amor ama, así, sin más. El amor no tiene expectativa. No lleva comillas. No sufre, no tiene miedo, es compasivo, incondicional, no sospecha, no juzga, no quiere controlar, no espera nada.

El amor nace de la ausencia de expectativa, de la total libertad. Y nosotros solo somos libres en el amor cuando interiormente hemos aprendido lo que es la aceptación, cuando nos reconocemos como seres completos, con todo dentro, cuando nos damos lo que necesitamos, cuando nos amamos. Así, sí, así podemos amar al otro de verdad, sin comillas, sin miedo, en libertad.

Cuanto más amor te des, más amor sin comillas obtendrás. 

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Filipe Almeida

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EGO ESPIRITUAL

YO TE VOY A AYUDAR. Si pienso que tengo capacidad para ayudarte es porque mi ego cree que tú no puedes y yo sí. Que yo sé algo que tú no sabes. Interfiero en tu proceso personal, limito tu infinita capacidad y te hago creer que me necesitas. Lo único que nosotros podemos hacer es SERVIR. Y servir no es otra cosa que vivir conectados a nuestro propio proceso y acompañar, siempre de igual a igual, los procesos de los otros. Ayudar, genera dependencia. Servir, empodera.

YO SOY MUY ESPIRITUAL. Mentira. Tú no eres más espiritual que yo ni tampoco lo eres menos. El ser espiritual no se gradúa, no es ni mucho ni poco. Todos somos espirituales porque todos somos Espíritu. Lo único que nos diferencia de forma temporal es el traje de nuestra personalidad. Todos venimos del mismo lugar y estamos grabados con el mismo sello. El del Amor. 

YO NO COMO CARNE Y ES OBVIO QUE SI TÚ CUIDARAS UN POCO DE TI, TAMPOCO LA COMERÍAS. Juicio. Es el ego el que considera que lo mío está bien y lo tuyo está mal y lo cierto es que ni lo mío es la verdad absoluta ni lo tuyo tampoco. La forma que tú tienes de cuidar de ti es igual de importante y respetable que la que tengo yo de hacerlo. Lo que es magnífico es que tú hagas, comas, pienses y vivas de la forma que te haga sentir en paz, libre y empoderado y que permitas que los demás hagan lo mismo. Esto se llama respeto, pero para respetar hay que respetarse.

YO, QUE SOY TÚ MAESTRA DE REIKI, SÉ CUÁNDO ESTÁS PREPARADO PARA HACER UN CURSO DE REIKI. Falso. Tú, sinceramente, no tienes ninguna capacidad para saber nada sobre el camino trazado por el Ser Superior de otra persona. Tú solo puedes disfrutar del privilegio de compartir algo como la Energía Reiki. Un profesor no es un Maestro. Un Maestro es una persona que vive dentro y comparte fuera y que sabe que no tiene nada que enseñar. Un Maestro es el que con su presencia consigue despertar la maestría del que tiene en frente. Consigue que el otro sepa ser su propio Maestro, su propia autoridad.

ESTAMOS AQUÍ PARA CRECER ESPIRITUALMENTE. Incorrecto. El ego cree que somos imperfectos y que necesitamos crecer, trabajar, esforzarnos, avanzar, pero el Alma ya es completa aquí y ahora. En realidad para lo que estamos aquí es para volver al Amor. No debemos olvidar quiénes somos y que tenemos todo dentro. Nuestra labor no es crecer. Nuestra labor es PERMITIRNOS Ser quienes somos. Cuando nos permitimos, nos expandimos.

ESTAMOS AQUÍ PARA APRENDER. No. No estamos aquí para aprender. Nuestro Ser Superior ya lo sabe todo. Estamos aquí para DESAPRENDER lo que hemos creído que somos y que se llama ego y RECORDAR lo que de VERDAD es nuestra naturaleza. 

DESDE QUE VOY A ESA TERAPEUTA Y TOMO FLORES DE BACH NO TENGO MIEDO. Lo siento mucho. Sí. Sí, tienes miedo. Siempre vas a tener miedo porque eres humano y tienes mente. El miedo tiene una función. Si te has creído que puedes llegar a no tener miedo, cambia de terapia. Lo que importa no es el miedo sino cómo te relacionas con él. 

NOSOTROS NO MORIMOS. NOSOTROS PASAMOS A OTRO ESTADO. Sí y no. Claro que morimos. Nuestro cuerpo físico muere, desaparece, fin. Es nuestro Ser Superior, nuestra Esencia la que pasa a otro estado, a otra vibración.

NO DEBERÍAS DESEAR. SI DESEAS VAS A PROVOCAR QUE NO OCURRA. EL DESEO ES EGO. ¿Y? Cualquier práctica, técnica, libro, terapeuta que me invite a rechazar una parte de mí, aunque sea un deseo, me está invitando a negarme y a no vivir integrado. Y si no vivo integrado, no vivo en armonía y tampoco vibro en amor.

ES MEJOR QUE ESPERES. EL SEXO SIN AMOR HACE QUE TU VIBRACIÓN BAJE y NO ES MUY RECOMENDABLE. Esto en mi idioma se llama miedo. Miedo al placer, miedo a disfrutar de ti y de tu cuerpo. Tu vibración baja no por practicar sexo sino por creerte que estás haciendo algo dañino o negativo. 

TODO LO QUE TE OCURRE ES CULPA TUYA. Nuestro Ser Superior o Alma es inocencia. Tú eres inocente. Todo lo que nos ocurre es la consecuencia o reflejo de algo porque todo es Karma. Pero nosotros somos inocentes. El Karma nos debería dar responsabilidad sobre nuestra vida, no culpa.

NO COBRO. ES LA VOLUNTAD. A lo mejor si te pones en valor, das valor a lo que tú haces, conectas con el merecimiento y la abundancia dejas de creerte el miedo al dinero. 

DURANTE 21 DÍAS HAZ AFIRMACIONES, POSITIVAS, EN PRESENTE PERO SI PIENSAS EN ALGO NEGATIVO LAS AFIRMACIONES YA NO TE SERVIRÁN. Bueno, puedes relajarte, de verdad. Las afirmaciones por si solas no generan nada más que frustración. Magnetizamos por vibración, no por repetir como papagayos "soy Amor".

¿Y si nuestro objetivo no fuera otro que el de empoderarnos y recordar? Recordar que lo tenemos todo dentro y permitirnos vivir la vida que merecemos vivir. En el camino de reencuentro con nuestra Esencia utilicemos todas las herramientas que la vida ponga a nuestro alcance, pero hagámoslo sin depositar en ellas lo que únicamente es nuestro.

Nadie sabe más que tú, nadie tiene más poder que tú, nadie es más espiritual que tú. No permitas que te lo hagan creer. No dejes que tu ego o el de otros te lleven a pensar que te falta algo o que todavía no estás preparado. No seas esclavo de una técnica, de una persona, de una terapia o de un libro. Utiliza todo aquello que te sirva para recordar que eres grande, inocente, libre y poderoso.

El Universo está dentro de ti, no fuera. 

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

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