Leyes Universales

LA VERDAD

¿Cuál es la verdad? Depende. De qué depende. De la cantidad de respeto y de amor que te proceses. De eso depende. ¿Es verdad que la vida es difícil? Sí. ¿Es verdad que la vida puede resultar muy sencilla? Sí. ¿Es verdad que Dios existe? Sí. ¿Es verdad que Dios no existe? Sí. ¿Es verdad que no puedes? Sí. ¿Es verdad que puedes? Sí. ¿Es verdad que existe el mal? Sí. ¿Es verdad que solo existe el bien? También. Y así, podríamos conocer el infinito.

¿Entonces? La realidad es que todo es verdad, y todo puede ser mentira. La verdad solo es aquello en lo que creemos, es el lugar donde depositamos nuestra fe. Todos los seres humanos disponemos de libre albedrío. Siempre, y en cualquier momento, tenemos libertad para elegir qué pensar, en qué creer y en qué no creer. Es un poder que nadie, jamás, nos podrá arrebatar, pero también es una importante responsabilidad porque nuestra creencia es la base de nuestra capacidad para crear. El Universo es mental, y aquello en lo que yo creo, no solo es una verdad sagrada para mí, sino que también es lo que voy a manifestar.

Muy probablemente, lo que para mí es verdad, para ti puede ser mentira. Aquello en lo que tú crees, puede ser opuesto a aquello en lo que yo creo. A lo mejor, tú crees que la vida es fácil y maravillosa, a lo mejor, yo creo que la vida es muy difícil y que me obliga a sufrir y a padecer. Ambas creencias son verdad pero también son mentira. Mi soberbia me dirá que eres tú quien se equivoca porque con mis propios ojos puedo ver que la vida es cada vez más complicada, sin embargo los tuyos, tus ojos, lo que ven no es lo que yo veo, porque tus ojos solo ven aquello en lo que tú crees.

¿Qué es verdad y qué es mentira? Da exactamente igual. Lo importante no es saber cuál es la verdad, lo fundamental es reconocer los sentimientos que nos provocan aquello en lo que tanto creemos. Sea verdad o sea mentira. Lo importante es que nos hagamos conscientes de las consecuencias que tienen nuestras creencias, no solo en la vida externa, sino también en la interna.

Creer que la vida es difícil, a mí me hace sentir muy mal, despierta sensaciones de cansancio, de lucha y de defensa. Entonces, ¿por qué sostengo esa creencia? ¿para qué me sirve? Dispongo de libre albedrío, y sea verdad o falsa, la realidad es que creer que la vida es difícil no me ayuda, me tortura.

Mi verdad es la verdad que veo manifestada, dentro y, por supuesto, fuera. Por eso, debemos revisar nuestras creencias más sagradas y preguntarnos en qué nos están ayudando, para qué las sostenemos y a qué realidades nos conducen. Siempre podemos modificar nuestras verdades y adaptarlas hasta ser capaces de creer solo aquello que nos hace bien, aquello que despierta en nosotros grandes sensaciones.

Revisemos los sentimientos que generan nuestras creencias. Si son de miedo, convirtamos verdades en mentiras. Si son de amor, entonces, adelante.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Fares Nimri

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TRATADO DE ACTITUD

CUIDA TUS PALABRAS. No existen pensamientos ni palabras neutras. Todo lo que pensamos y todo lo que decimos genera resultados. Creamos a través del verbo, y aquello en lo que creemos es la verdad que, antes o después, se manifestará. Esta es la primera Ley Universal.

CULTIVA LA COMPASIÓN. Abandona la pena y la lástima. El otro, ese que crees que no podrá, que no será capaz, al que juzgas y criticas es igual que tú. Compartís la misma Esencia, venís del mismo lugar. Quizá, él no lo sepa y por eso se comporta así, pero es capaz y puede cambiar. Sustituye la lástima por compasión. Hazlo contigo y con los demás. Desea actívamente que todos los seres sintientes, incluido tú, recuperen su plenitud y vivan alejados del sufrimiento. La compasión no es otra cosa que dar y darte amor de verdad.

PON TODA TU INTENCIÓN EN ACEPTAR. Acepta todo, lo que más rechazas, aquello por lo que no dejas de luchar. Aceptar duele, pero sin ese reconocimiento nunca podremos avanzar. Tu ego te avisa de que aceptar es una rendición, pero esa no es la verdad. Solo al aceptar total y completamente la realidad se pueden abrir las puertas de la paz, del cambio y de la transformación. La lucha y la negación son actitudes que no sirven porque se basan en el miedo y en la desconfianza y nos conducen a la frustración.

ASUME LA RESPONSABILIDAD DE SER TÚ. Aprende a decir “no”, reconoce dónde está tu limite. Acepta que solo tú eres el responsable de tu vida. No te escondas, no te olvides de que te corresponde cuidar de ti. Responsabilízate de lo que necesitas y de lo que sientes. Eres importante, pero si no lo sabes tú…

DIRIGE TU FE a lo que te hace bien. Pon toda energía en lo que es bueno para ti, no en lo que te hace daño o en lo que no quieres manifestar. Si no quieres enfermar, pon tu energía en la salud, no repitas constantemente que no quieres la enfermedad. Enfócate y pon tu atención en lo que te hace bien. Cuando observes que has vuelto a depositar tu fe en lo que no quieres, perdónate.

DATE PERMISO PARA CONFIAR. Permítete confiar en ti y en lo que no puedes ver. Si el sol sigue saliendo, y tú continúas respirando, a lo mejor, podrías relajarte y confiar en que todo va a salir bien. Una actitud confiada nos conduce a la tranquilidad y a la paz interior. La desconfianza y el miedo provocan lucha, sobrecarga, ansiedad, estrés y sufrimiento.

APRENDE A POLARIZAR. Eso supone un gran cambio de actitud. Polarizar significa asumir que todo, también lo que juzgamos como horrible y negativo, tiene su parte de luz. El Yin contiene al Yang, y el Yang contiene al Yin, el uno sin el otro no pueden existir. Si aprendemos a ver que todo guarda una oportunidad, otra polaridad, otra alternativa, y colocamos nuestra energía en ese polo, no solo cambiamos nuestra actitud sino que elevamos tanto nuestra vibración que lograremos transformar lo que manifestamos.

CONVIÉRTETE. Vuelve a ser un niño. Para ello, piensa en su actitud. ¿Cómo es? confiada, presente, inocente, curiosa, llena de ilusión y de alegría. Un niño no se cree imperfecto, no se prohibe lo que siente, no se juzga -y si lo hace, ya sabemos de quien lo ha aprendido-, no se preocupa, no cree que tenga que ser algo distinto de lo que es. Cuando juega, deposita toda su atención en el juego, puede hacerlo porque no cree que tenga que controlar el futuro, porque confía. Volvamos a ser niños.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Frank Mckenna

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