Espiritualidad y consciencia

RENACER

Que podamos dejar de creernos el miedo y abrazarlo con todo el amor que tengamos disponible. Que podamos soltar el control de la mente y entregarnos por completo a la incertidumbre de lo desconocido. Que podamos dejar de luchar y de juzgarnos. Que podamos dejar de defendernos. Que podamos vivir libres de sufrimiento. Que podamos silenciar la mente. Que podamos desprendernos de todo lo que nos hace daño, de todas las creencias limitantes que nos hacen sentir pequeños. Que podamos confiar tanto que jamás renunciemos a nosotros mismos. Que podamos desidentificarnos del ego.

Que podamos abrir nuestro corazón para recibir todo lo que nos pertenece y merecemos. Que podamos amar todas las partes de nuestro ser. Que podamos aceptar nuestra naturaleza divina para trascender la enfermedad y la muerte. Que podamos dejar de dar valor al sacrificio y recordemos al niño que todos llevamos dentro. Que podamos respetar lo que sentimos. Que podamos soltar la carga y entregársela a nuestro padre Divino.

Que podamos transformarnos y utilizar nuestros dones y talentos para cumplirnos. Que podamos respetarnos lo suficiente como para no violar nuestros límites. Que podamos abrirnos a la vulnerabilidad. Que podamos tener fe ciega para que así seamos capaces de ver. Que podamos reconocer nuestro brillo. Que podamos olvidarnos de las opiniones de los demás. Que podamos cambiar “tengo que” por “voy a jugar”.

Que podamos darle amor a nuestra oscuridad. Que podamos desprendernos del miedo a morir y podamos comenzar a vivir. Que podamos dejar de creer en la cruz. Que podamos volver a creer en la luz. Que podamos renacer y darle un nuevo sentido a nuestra vida.

Feliz Pascua de Resurrección.

Almudena Migueláñez.

Photo by Nghia Le

NO SON PRUEBAS

Eso que con la mente llamamos pruebas no son más que experiencias perfectas y necesarias que surgen de nuestro interior, y siempre como consecuencia de nuestra vibración. En realidad, la prueba como tal no existe. Lo que sucede es que, a través de nuestro ego, tendemos a ver y vivir la vida desde la separación, y eso nos hace creer que hay algo fuera, que está por ahí arriba y que nos pone pruebas delante para que así seamos capaces de crecer y de evolucionar.

Esta idea es peligrosa. A la larga, creer que existen pruebas hace que nos veamos como seres incompletos y que afrontemos la vida como una experiencia centrada en el aprendizaje. Así parece difícil que podamos conectar con nuestro verdadero poder y naturaleza, y con la consciencia de que somos seres completos, cuya misión no es otra que la de expandirse y amar.

Cada experiencia de vida contiene siempre la oportunidad de acercarme más a la plenitud, pero no debemos olvidar que no hay nada ni arriba ni fuera, por tanto, eso que con la mente veo como prueba solo es mi forma de expresar todo lo que soy en esta dimensión. Eso que llamo prueba solo es un resultado, una consecuencia, un espejo de algo que existe dentro de mí y que, debido a mi falta de conexión interna, saco fuera en forma de proyección, para tener la oportunidad de verme a través de ella.

Cuando dejamos de ver la vida desde la prueba y el aprendizaje, podemos de verdad descubrirnos. Cuando nos responsabilizamos y aceptamos que no hay un universo fuera que envíe nada, podremos entonces liberarnos de esa idea tan limitante de falta y de escasez. No hay pruebas. Ha experiencias que generamos desde dentro y que siempre, lo veamos o no, buscan la expresión de la luz que ya somos.

La idea de prueba como algo ajeno y conectada a esa frase tan común “esto es una prueba del Universo para que…” son maneras que tiene nuestro ego de invitarnos al miedo y a la separación. No reaccionemos. Lo que vemos fuera nunca nos es ajeno. Lo que vemos fuera, no son pruebas. Son manifestaciones de todo lo que somos, y oportunidades para hacernos conscientes de ese maravilloso camino de evolución que venimos haciendo como almas.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Florian Giorgio

OPORTUNIDAD Y REGALO

Con demasiada facilidad, me olvido de la oportunidad y del regalo que la vida representa. Esta semana, regresé al mar y generalmente, cuando estoy un tiempo en contacto con la naturaleza, mi mente se relaja, parece como si mis pensamientos se derritieran y eso, además de paz, me proporciona mucha claridad.

Uno de estos días, paseando por la playa, esa claridad me llevó a darme cuenta de que si había conseguido sobrevivir a la enfermedad, o si todavía continuaba estando por aquí, no era por mis logros, ni por mis esfuerzos, ni por mis intentos. Era, solo y exclusivamente, porque mi Alma lo permite. Al recordar eso, me di cuenta también de que ese regalo tan inmenso conlleva la responsabilidad de cambiar mi forma de vivir para hacerla cada vez más consciente y más próxima y alineada con la naturaleza de mi Esencia, que no es otra que la del amor y la compasión.

Es como si mi Alma me susurrara: “Seguimos aquí, pero no malgastes la oportunidad que te estoy dando de ser feliz, de disfrutar con toda la intensidad de la que seas capaz, de vivir desde el corazón, de soltar, de ser libre en tu mente, de desprenderte, de entregarme el control y también la carga, de dejar de creer en el miedo y comenzar, de verdad a creer en Mí”.

Muchas veces, cuando tenemos claridad y se despierta esa sensación tan poderosa de certeza interna, suelen ocurrir pequeños grandes milagros, que se nos muestran como un guiño del Universo para darnos confirmación.

Ese mismo día, hablando con una persona que vive en la zona donde me he alojado esta semana, me dijo: "Aquí lo tenemos claro, no tenemos grandes cosas, no ahorramos y sabemos que muchos piensan que somos irresponsables y locos, pero aquí vivimos sabiendo que a lo mejor mañana no estamos, y por eso, nuestra prioridad es vivir al máximo y hacerlo hoy. No esperar a mañana".

Vivamos entregados y con la consciencia de que la vida es una constante oportunidad y un infinito regalo.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Genevieve Dallaire

Photo by Genevieve Dallaire

PREPARARSE

Hace unos días, una persona me preguntó cómo debía prepararse para determinado evento astrológico que sucederá dentro de unos meses. Mi respuesta fue que sería mejor, en vez de prepararse, estar disponible y abierta a la experiencia.

Esta pregunta, me hizo reflexionar mucho sobre el tipo de relación que mantenemos con la vida y con sus propuestas. Cuando no confiamos en ella, cuando no nos sentimos sus hijos, vamos a tener la necesidad de defendernos, de estar alerta, de sobreesforzarnos o de prepararnos para lo que pueda venir. Esa forma de vivir nos mata por dentro, porque, además de ser agotadora y miedosa, nos va a impedir experimentar la plenitud, el sosiego y la felicidad que surgen en nuestro interior cuando elegimos confiar, cuando cultivamos la certeza de que, aunque nuestro ojos no puedan ver, todo tiene un propósito mayor, conectado al amor.

Construir un vínculo sólido con la vida, basado en la inocencia, la confianza y la entrega es lo que nos va a permitir relajarnos y fluir y eso, a su vez, impulsará un cambio de inmenso valor en nuestro interior. Habremos abierto el camino para que nuestras experiencias comiencen a cambiar, para respirar milagros y para que le podamos dar un sentido elevado a nuestro paseo por aquí.

No es lo mismo vivir creyendo que existe un Universo, Dios o como lo queramos llamar fuera de nosotros, que vivir sabiendo que nosotros participamos de esa energía y somos ese Universo. La creencia de separación nos lleva al miedo y al desasosiego. La creencia de Unidad nos otorga el poder de crear.

Revisa la forma que tienes de relacionarte con la vida y las creencias que sostienen tu vínculo con ella. Observa si te defiendes o si, por el contrario, caminas relajado, despreocupado, abierto y disponible.

"…Ese espíritu despreocupado es un rasgo fundamental en las tibetanas; una aceptación que no implica fatalismo sino una profunda confianza en la vida". - Las Montañas de Buda.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Vincent Ledvina

Photo by Vincent Ledvina

RECUPERARNOS

Necesitamos recuperar la inocencia, la curiosidad y la mirada ausente de desconfianza, para poder llenarla de pureza y de bondad. Necesitamos recuperar el tiempo, pero no podemos, porque al tiempo, que es escurridizo, siempre le ha gustado escapar. Lo que necesitamos restaurar es nuestra capacidad para vivir ajenos a él, habitando el presente, sostenidos en el ahora, donde el tiempo nunca fue y nunca será.

El exceso de individualismo nos pide a gritos que recuperemos los abrazos, la vulnerabilidad y los vínculos. Necesitamos desprendernos de muchas defensas y barreras, de tanta necesidad de tener razón, necesitamos decir no al juicio y recuperar el perdón. Restauremos nuestro poder para entender y vivir la vida desde la ausencia de control y desde la entrega. Desenterremos los ratos de conversaciones interminables, las carcajadas sin ningún motivo, los placeres que le dan sentido a todo esto que vivimos, las emociones que ponen la piel de gallina, las mariposas que pretenden volar en nuestra tripa, la intimidad sin medida. Abramos de nuevo la puerta a la confianza en nosotros y en los otros.

Necesitamos restaurar el valor que habita en nuestro interior, el respeto hacia nuestras necesidades y el compromiso de ser quienes somos, sin escondites ni trajes. Necesitamos recuperarnos de tanta limitación, de tanto sufrimiento y frustración y para ello, debemos de ser pacientes, debemos darnos cariño, tiempo y atención. Necesitamos escuchar a nuestro corazón y dejar espacio a nuestra sabia intuición.

Recuperemos esa forma de vivir llena de confianza, en la que el miedo solo es eso que sentimos en algún momento del pasado, pero que hemos dejado de necesitar. Tenemos tanto que recuperar, porque no se trata de aprender sino de encontrar dentro de nosotros un sin fin de partes olvidadas de nuestro ser. Se trata de abrirles la puerta, de mimarlas, de permitirles de nuevo que se dejen ver. Se trata de restaurar todo aquello que, por alguna razón, en algún momento, negamos y dejamos de atender.

Recuperemos nuestra luz, amando nuestra oscuridad. Recuperemos nuestra sabiduría dejando de pensar. Recuperemos la seguridad, desprendiéndonos de nuestras defensas y comprometiéndonos a vivir desde la vulnerabilidad. Recuperemos la plenitud siendo desde el corazón. Restauremos el amor que somos desde el agradecimiento y el perdón. Recuperemos al niño que vive en nuestro interior.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by The New York Public Library

Photo by The New York Public Library

ME HE DADO CUENTA

Me he dado cuenta de que no hay nada ahí fuera capaz de hacerme sentir completamente plena. Me he dado cuenta de que la felicidad es una elección interna que no tiene que ver con lo que me ocurre ni con las circunstancias externas. Me he dado cuenta de que solo se puede ser paciente cuando existe confianza y presencia y de que el miedo es la oportunidad para descubrir cuál es mi verdadera Esencia.

Me he dado cuenta de que si prohibo mi vulnerabilidad, dejo de ser auténtica, y de que aceptar mis sentimientos es la clave para alcanzar paz interna. Me he dado cuenta de que no soy lo que pienso y de que mi mente no es capaz de darme las respuestas. Me he dado cuenta de que mi verdadera transformación comenzó cuando dejé de resistirme y de luchar. Cuando acepté que no sé y que no tengo el control de las experiencias. Me he dado cuenta de que con los ojos cerrados encuentro muchas más respuestas. Me he dado cuenta de que dejar de sentir rencor es una elección y de que la culpa me hace muy pequeña.

Me he dado cuenta de que estar presente se consigue cuando el cuerpo y la mente están conectados, y de que poner límites y decir “no” me ayuda a quererme. Me he dado cuenta de que si juzgo, me estoy juzgando y de que todo lo que doy se me devuelve. Me he dado cuenta de que puedo relajarme, de que no tengo que demostrar nada a nadie, de que no necesito ser alguien diferente para que me amen. Me he dado cuenta de que lo que soy es suficiente, de que cuando busco, no puedo encontrar y de que cuando suelto y dejo ir, todo, a su debido tiempo, se da.

Me he dado cuenta de que mi mente no puede entender el Universo y de que los milagros están ocurriendo todo el tiempo. Me he dado cuenta de cómo cambia mi energía cuando agradezco, cuando medito y cuando estoy en silencio. Me he dado cuenta de que la dualidad es perfecta, de que mi ego y mi sombra son mis grandes maestros. Me he dado cuenta de cómo han ido cambiando mis prioridades, ahora doy valor a lo que antes consideraba insignificante. Me he dado cuenta del poder de una conversación, de un abrazo, de algo tan sencillo como un paseo por el campo. Me he dado cuenta de que no tener expectativas me ha salvado la vida.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Jonathan Pendleton

Photo by Jonathan Pendleton

TU CORAZÓN PONDRÁ LAS ALAS

No te impacientes, mantente presente, consciente de lo que estás viviendo ahora. No quieras llegar ya, lo importante no es la meta sino cada paso del camino. No dudes de ti, no creas que puedes encontrar el maestro fuera, tú eres el Gurú de tu propia vida, tú eres el único capaz de darte las respuestas que necesitas. Puede ser que ahora no lo veas y que, temporalmente, debas buscar herramientas fuera, pero recuerda que son solo eso, apoyos que te regala el Universo para que descubras que la Verdad siempre ha estado dentro.

No olvides que puedes soltar el control y relajarte, que si, pese al miedo, te atreves a fluir, la Vida comenzará a mostrarte su mejor parte. No olvides que siempre te está escuchando y está cuidando de ti, que te ama y desea que te responsabilices y seas feliz. No creas que tu miedo te hace imperfecto ni que te faltan partes, no creas lo que los demás dicen de ti. No creas. Abandona tus creencias, son ellas las que te hacen limitado. Su ausencia, te convierte en alguien libre y muy sabio. No des esperando algo a cambio porque entonces no estarás dando. No huyas de lo que sientes, de lo que necesitas, de lo que tu corazón te dicta. No escapes de ti mismo, no te tengas miedo. No luches, no quieras ir en contra de lo que está ocurriendo. Acepta para que puedas comenzar a hacer cambios, para que puedas sentirte en paz y pleno.

Ni por un momento te permitas perder la esperanza ni abandonar tus sueños, imagina y hazlo en grande. Vuela con tu mente. Tu corazón pondrá las alas. No te sobra nada, no hay errores en ti, no tienes que cambiar ni esforzarte por ser mejor persona, tienes que amarte sin condición y comprobar que ya eres todo lo que creías que te faltaba. No abandones tu curiosidad ni tu capacidad para sorprenderte, para sentirte niño, despreocupado e inocente. Juega y permite lo que sientes. No te apegues al pasado, no te castigues ni te culpes. Lo hiciste como pudiste, dítelo, para que no lo olvides.

No te pongas trajes, no finjas, no quieras ser lo que nunca fuiste. Ser un fraude es la peor de las enfermedades. No te presiones, no seas exigente contigo, no te cargues con mochilas que no te corresponden. No niegues tu luz ni tu brillo, no le tengas miedo a la envidia de los otros. Puedes y debes ser tú mismo, manifestar tus talentos y compartir tus dones.

No olvides pedir milagros y estar abierto a recibirlos. No te creas tu ruido interno. Ese murmullo tuyo lo cura el silencio. No digas sí cuando lo que necesitas es un no rotundo. No guardes dentro de ti lo que sientes. Lo que guardas no muere, te mata lentamente. Por favor, no dejes de quererte por ningún motivo.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Barth Bailey

Photo by Barth Bailey