Crecimiento personal

CIENTO CUARENTA

No deberías permitir que pasara un día más sin darte las gracias, sin volar, sin entusiasmarte por tus logros y sin reconocer el poder que esconden tus derrotas. No deberías resignarte, tampoco deberías aceptar un no cuando tu voz interna te grita adelante.

No deberías viajar con una maleta vacía. Deberías llenarla de sueños, de magia, de ilusiones y de alegría. No deberías negarte a lo que sientes ni a lo que necesitas. Si pones por delante autoridades externas y te olvidas de la interna estarás viviendo desde el miedo y desde la renuncia. Escucharte, y que tu voz sea tu guía es mucho más que un “deberías”.

Ningunearte, dejarte a un lado o para más tarde es una buena forma de dañarte. Deberías mantenerte cerca, tenerte presente, escucharte y atenderte hoy, ahora y siempre. Deberías valorarte. Es el primer paso para que, después, puedas amarte.

Tu potencialidad refleja tus infinitas capacidades. Deberías creer en ti lo suficiente como para poder transformar potencial en realidad, como para dejar de ser solo una posibilidad. Deberías ser paciente.

Eres maravilloso, único e irremplazable. Tú eres tú y eso es importante. Deberías responsabilizarte de tus sueños, de tus límites y de tu felicidad. Deberías permitirte brillar, y dejar de tenerle miedo a tu individualidad. No deberías reducir tu velocidad, no deberías bajar a treinta cuando la intensidad de tu emocional te pide vivir la vida a ciento cuarenta. No deberías ponerte freno, no deberías rechazar lo que la vida te está ofreciendo si tu razón únicamente es el miedo.

Deberías poder mirar atrás y sentir la seguridad de que hiciste todo lo que, en ese momento, pudiste. Deberías olvidarte del juicio y de la culpa; deberías conectar inocencia con responsabilidad.

Deberías descansar y relajarte. Ese intento de control, ese miedo a soltar y a bailar al ritmo que te ofrece la vida se somatiza en apego, en rigidez y en angustia.

Hoy, y mañana, deberías darte una oportunidad. Pasado mañana también. Deberías recordar que de ti hicieron un lienzo único. Te pintaron con precisión y con mucho amor. Deberías recordar que tus colores, tus trazos y tu mensaje son irremplazables y especiales. Deberías mirarte igual que te mira el Universo que te pintó.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Antonio Molinari

Photo by Antonio Molinari

RÍNDETE

Por favor, ríndete. Deja ya de luchar. Abandona ese enfrentamiento que sostienes con la realidad y, de una vez por todas, acéptala. Solo desde ahí, desde la aceptación es posible que las cosas puedan cambiar. Hasta que no dejemos de luchar contra lo que está siendo, no podremos comenzar a andar. No podremos transformar nuestra vida ni nuestra realidad.

No hay ataque, de verdad. La guerra solo está dentro de ti. La vida no quiere dañarte, no quiere hacerte sufrir. Es justo al contrario. La vida quiere que salgas del pozo en el que estás y que seas feliz. Te da herramientas, sí, pero trabajar y creer en ellas depende solamente de ti.

No necesitas defenderte, nadie va a por ti, ni el otro, ni el Universo, ni ningún dios. Eres tú el que está en guerra consigo mismo al no aceptar. Eres tú contra ti, y ya va siendo hora de firmar la paz. Ríndete, por favor, cuanto antes, mejor. Si no hay un “alto el fuego”, si no cuelgas los guantes de boxeo, lo que te está ocurriendo nunca se podrá transformar.

Verás, todo es Karma, es decir, todo y cualquier cosa es consecuencia o resultado de algo previo, todo tiene un origen, una causa. Aquello que nos sucede y que no nos gusta, que nos asusta, que juzgamos como negativo o que nos produce dolor es una realidad causal que nos está mostrando solo una cara, pero que consigo guarda una grandísima oportunidad. El Karma nos puede conducir al Dharma. Ahora bien, esa oportunidad escondida no se nos puede revelar si antes no hemos sido capaces de entregarnos -sin máscaras- a la realidad.

Cuando nos negamos a rendirnos y nos aferramos a luchar, cuando no decimos un sí, aunque sea bajito, a confiar en que lo que nos está sucediendo tiene una utilidad, un aprendizaje y otra polaridad, generamos fuertes resistencias que nos llevan a atraer más de lo que menos queremos. Así es como funciona nuestra energía.

Rendirnos, abandonar cualquier resistencia mental, dejar de juzgar y aceptar nos abre una puerta enorme que tiene el nombre de oportunidad. Nos da espacio para recuperar nuestro poder, para accionar, para transformar y para poder descubrir que todo, hasta lo que creemos peor, tiene otra cara, otra polaridad.

Nuestras resistencias y desconfianzas, nuestras evasivas paro no rendirnos ante la cruda realidad no son más que limitaciones de la mente, que no nos deja descansar, que tiene miedo, que busca razones, que quiere culpables a los que juzgar, que pregunta “por qué” cuando la realidad es que las respuestas siempre le han dado igual. ¡Ay! si en vez de “por qué”, un día la mente se preguntara “para qué esta realidad”.

Entregarse o rendirse por completo a algo es un acto valiente, transformador, que nos saca del sufrimiento, que nos lleva a ver que tenemos otra oportunidad. Rendirse a la realidad es aceptar, es confiar, es dejar de luchar. Rendirse a la realidad es caminar “en sintonía con”, en vez de hacerlo “en contra de”.

Toda transformación pasa por una previa rendición ante lo que la realidad me está mostrando.

Y yo, para terminar la Inspiración de hoy, quiero invitarte a una reflexión:

¿Qué ocurriría si dejaras de juzgar la realidad que, en este momento, tienes delante?

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Joshua Jordan

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¿DÓNDE SE ESCONDE TU DESEO?

Y no me estoy refiriendo al deseo de tu ego, no. No estoy hablando del deseo que te vincula con la carencia, con lo superficial, con lo banal y con lo que sólo es capaz de darte placer a corto plazo.

Me refiero al deseo de tu alma. A eso que ni siquiera debería llamarse deseo porque es mucho más grande y poderoso que el simple hecho de desear. Me refiero a aquello que te hace levantarte cada mañana, que es capaz de despertar la alegría profunda de tu corazón. Que te conecta con el verdadero sentido de todo. Ese impulso que te invita a vivir y que sin él sientes vacío, escasez y carencia. A ese deseo me refiero. A eso que sabes que es tu plenitud. ¿Dónde crees que está? 

Piénsalo. 

¿Dónde se esconde? ¿Dónde está tu deseo infinito de amar? ¿y ese trabajo en el que puedes manifestar toda tu potencialidad y que te hace sentir feliz? ¿Dónde está la casa que te permite aprender sobre tu individualidad? ¿y esa persona que te ayuda a ser más grande? ¿Dónde está? En ningún lugar. No está allí, no. Tampoco está en el mañana. Su existencia no depende de tu esfuerzo, de tu trabajo o de tu búsqueda. No. Tampoco está por venir. Eso que sabes que necesitas materializar en tu vida para seguir adelante, lo que sea, abundancia, un compañero, una casa, paz interior, lo que sea, es una vibración que ya existe. Vive en el presente, en el ahora. Ya es. Forma parte de tu energía y siempre ha estado ahí. Nunca se ha escondido, jamás lo ha hecho. Te he hecho una pregunta trampa. Perdóname.

Eres tú, repitiendo sin parar patrones de miedo, de culpa, de duda y de no merecimiento quien se ha alejado de lo que ya está en ti. Te invito a que cierres tus ojos y te preguntes dónde está eso que tanto deseas y qué es lo que hasta ahora te ha impedido que tome forma. Te vas a dar cuenta que ya es parte de ti porque puedes pensarlo, puedes verlo y puedes sentirlo. Materializarlo únicamente depende del amor que sientas hacia ti.

Piénsalo.

¿Dónde se esconde tu deseo? 

Muy feliz presente,

Almudena Migueláñez.

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