Ley del Mentalismo

REVISA

Nos hemos creído que podemos controlar nuestras experiencias. Que juzgar los actos de los otros es algo normal. Juzgamos sin ni siquiera pararnos a respirar y a sentir lo que estamos haciendo. Nos hemos creído que la vida es difícil, que existe lo bueno y lo malo. Que lo científico y lo empírico pueden ir por delante de lo espiritual. Nos hemos creído que juzgarnos a nosotros mismos es lo normal. Que en esta vida hay que luchar, que nadie regala nada, que no te puedes fiar del que tiene mucho, que somos pecadores y que todos tenemos una cruz. Nos hemos creído que no se puede tener todo en la vida y que si las cosas van bien tendrá que ocurrir algo malo para equilibrar.

Nos hemos creído que estamos separados de los demás, que lo que les ocurre no tiene nada que ver con nosotros porque nosotros “no somos así”, porque somos diferentes, más sabios, mejores personas, más evolucionados. Tampoco participamos de lo que ocurre fuera o de la oscuridad que inunda las jerarquías y los sistemas. Nos hemos creído que no tenemos ninguna responsabilidad.

Nos hemos creído que los hombres no lloran, que sentir no es importante y que si nos lo permitimos solo puede ser para un rato, no vaya a ser que perdamos el control y nuestra vulnerabilidad se abra paso. Nos hemos creído que lo bueno está por llegar, que esta experiencia está hecha a base de pruebas que tenemos que pasar. Nos hemos creído que tenemos capacidad para ayudar porque seguimos sin estar preparados para servir. Nos hemos creído que la compasión solo la experimentan las personas que están “muy elevadas”, así no tenemos que dejar de empatizar.

Nos hemos creído que somos culpables, que no somos dignos, que no nos podemos relajar. Sin pestañear, nos hemos creído el discurso, el miedo y el ruido de nuestra mente. Nos lo hemos creído sin darnos la oportunidad de cuestionar, de poner lo que pensamos en frente y mirarlo sin reaccionar, de revisar nuestras creencias y de elegir con responsabilidad qué pensamientos queremos que vivan en nuestro interior.

Necesitamos dejar de creernos nuestras creencias o por lo menos replanteárnoslas y verlas de nuevo, porque la mayoría de ellas son solo miedo, están enfermas y una creencia enferma no necesita que la creas, necesita que la sanes.

Cuantas menos creencias alberguemos, más libres seremos.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Mateusz Klein

DE CREER A SER

Cuando cambiamos nuestra forma de percibir el mundo, es decir, cuando cambiamos nuestras creencias, cambiamos también la composición neuroquímica de nuestra sangre, lo que a su vez activa un cambio en las células corporales
— Doctor Bruce H. Lipton

Creemos más en la escasez que en la prosperidad. Creemos más, mucho más, en el miedo que en el amor. Creemos más en la enfermedad que en la salud, más en la oscuridad que en la luz, más en lo humano que en lo Divino. Creemos más en lo que ven nuestros ojos que en lo oculto y lo milagroso, y así nos va. El poder de la mente para crear nuestra realidad no es un invento barato que se ha puesto de moda con la corriente new age.

El poder de la mente para crear nuestra realidad aparece reflejado en cualquier texto sagrado que pongamos en nuestras manos, no es nuevo. Es oculto, magnífico y sorprendente, pero no nuevo. La primera Ley hermética dice que Dios es mente y que todos nosotros, como extensiones de lo Divino, creamos nuestra vida a través de ella. Tan solo un 5 % de esa mente que somos es consciente, el resto, el otro 95%, es subconsciente, y ese subconsciente es el que gobierna nuestra vida. Allí guardamos todas las creencias que, después, veremos materializadas en nuestra particular experiencia. Nuestras creencias son nuestras verdades más sagradas y se componen de pensamiento y de sentimiento. Como explica Joe Dispenza, nuestros pensamientos envían una señal eléctrica al campo cuántico y nuestros sentimientos atraen magnéticamente situaciones a nuestras vidas.

La habilidad de convertirnos en creadores conscientes de nuestra realidad comienza por el creer y culmina en el ser. Finaliza cuando eso que primero creímos y después sentimos, se transforma en lo que somos. No es lo mismo creer que merezco todo lo bueno, que vivir desde el merecimiento. No es lo mismo creer que soy salud que saberlo y que vivir sintiéndolo y permitiéndolo. No es lo mismo.

Revisar y sanar nuestras creencias, desvincularnos de las que nos limitan,de las creencias que se basan en el miedo, en la escasez, en la enfermedad o en la preocupación es el primer paso de un proceso que pretende convertir nuestra vida en un milagro. Revisamos, y a continuación, vamos a dibujar en nuestra mente nuevas creencias que vayan en sintonía con lo que queremos manifestar. Y esas nuevas creencias deberán siempre ir acompañadas de sentimientos de alta vibración. Cuanto más sentimos, más atraemos. En nuestra vida no siempre vamos a obtener lo que queremos, pero siempre vamos a conseguir aquello en donde hemos depositado toda nuestra atención. Sólo tenemos que mirar a nuestro alrededor para darnos cuenta de eso.

Si hemos logrado integrar creencia y sentimiento, es decir, si, por ejemplo, hemos logrado creer que somos prósperos y sentir la prosperidad en nuestro interior las cosas comenzarán a cambiar, pero, ¿y si damos un paso más? ¿y si no solo lo creemos y lo sentimos, sino que también vivimos "como si ya fuera”? Entonces, nuestro poder para crear se va a ver doblemente potenciado.

Si vivimos siendo aquello en lo que creemos, le estaremos diciendo al Universo del que formamos parte que, por fin, hemos recordado QUIÉNES SOMOS y que estamos listos para recibir todo lo bueno que nos corresponde por derecho propio.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Atlas Green

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ERES LIBRE

Aquello en lo que no crees, no puede darte miedo.

Si crees en la escasez en cualquiera de sus formas, entonces la escasez tiene el poder de asustarte. Si crees en la enfermedad en cualquiera de sus formas, entonces la enfermedad, no solo es capaz de asustarte, sino también de materializarse. Sin embargo, si no depositas tu fe en ninguna de las dos, entonces, ninguna de las dos puede tener poder sobre ti. Aquello en lo que creemos determina, no solo lo que experimentamos, sino también lo que sentimos.

El punto de partida, el inicio de todo y de cualquier cosa, el origen o la causa siempre se encuentra en la mente. Ella representa el lugar del que todo surge, es nuestro medio para crear. Es en la mente donde todo comienza y desde ella es desde donde vamos a materializar nuestra realidad. Modificar cualquier aspecto de nuestra vida implica acudir a la mente y ver qué es lo que está ocurriendo allí. Ahí es donde nosotros podemos intervenir, ahí es donde podemos, de verdad, empoderarnos y convertirnos en creadores conscientes de nuestra realidad. Disponemos de capacidad para escoger qué pensar y en qué creer. Lo que creemos es nuestra elección, más o menos consciente, pero nuestra elección. Somos completamente libres de elegir creer en lo que queramos y el tipo de pensamientos que elegimos, depende ,en última instancia, del tipo de relación que sostenemos con nosotros mismos.

Somos duales, y por eso solo somos capaces de crear dos tipos de pensamientos: de amor y de miedo. Nuestros pensamientos de miedo representan la ausencia de amor que hay en nuestro interior, en los recovecos de nuestra mente, en las profundidades de nuestro inconsciente. Esos pensamientos son una llamada de auxilio, una petición desesperada de amor y compasión. Los pensamientos de miedo brotan para ser observados, para que los miremos, nos desidentifiquemos de ellos y dejen de provocarnos reacción. Los pensamientos de miedo surgen para que, en vez de miedo, les demos amor.

Los pensamientos de amor abren las puertas de nuestra consciencia y son el medio para manifestar lo Divino que hay en cada uno de nosotros. Un pensamiento de amor me permite despertar sentimientos elevados, frecuencias que conectan con la vibración del Alma, de esa chispa sagrada que todos tenemos en nuestro corazón y que participa del Alma Universal. Los pensamientos de amor nos permiten trascender los pensamientos del ego. Los pensamientos de amor son los catalizadores para despertar la imaginación, ese gran poder creador, y para, progresivamente, ir dejando espacio para que nuestra Mente Uno se manifieste.

Estoy aprendiendo a mirar los pensamientos desde arriba, a observarlos, a ver su impermanencia, y eso me lleva a descubrir que dentro de mí sí hay algo inmutable, permanente, que nunca cambia, que, a mí y a ti, nos hace sagrados e inmortales.

Te invito a que, si te apetece y puedes, reflexiones sobre la relación que mantienes con lo que piensas.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Andy Do

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