vulnerabilidad

BREVES

-Fluir no significa que te dejes arrastrar por la corriente. Fluir es caminar por la vida sin oponer resistencia y sin defenderte.

-El poder personal tiene que ver con la capacidad que tenemos todos los seres humanos para transformarnos. El miedo, en forma de apego y de intento de control, nos impide empoderarnos. La confianza en uno mismo y en la vida, la vulnerabilidad y la fe son elementos indispensables para descubrir lo que, de verdad, es el poder.

-Nuestra sombra no es mala. No hay que cambiarla. A la sombra hay que abrazarla e integrarla. La sombra es todo aquello que juzgamos, prohibimos, negamos o rechazamos, y que esconde potencialidades y partes importantísimas de nosotros. La sombra es luz tapada.

-El futuro no existe, ni el pasado tampoco. Lo único real es el presente. Esto no quiere decir que no mires hacia delante. Solo significa que no deberías desgastarte añorando lo pasado y preocupándote por lo que todavía no ha llegado.

-Ser vulnerable no es peligroso. Tampoco es una muestra de debilidad. Ser vulnerable es dejar de tenerle miedo a lo que sentimos. Es vincular nuestro masculino con nuestro femenino.

-El miedo es algo normal entre los que estamos vivos. Es el karma que necesitamos para poder transformarnos. El problema nunca es el miedo. El problema es el miedo que le tenemos.

-Entregar no es darle tus problemas a Dios y tirarte en el sofá. Entregar es hacer todo lo que está en nuestra mano, siempre y en cada momento, sabiendo que somos limitados y que solos no podemos. Entregar es tener la humildad de reconocer que “papá Universo” sabe mucho más de lo que nosotros sabemos.

-Ser feliz no es estar siempre alegre y contento. La felicidad implica responsabilidad y despierta en nosotros un estado interior de plenitud y de bienestar. Ser feliz es elegir ver desde el amor. La felicidad es una elección.

-No estamos aquí para pasar pruebas, ni para aprender, ni para sufrir. Estamos aquí para recordar quiénes somos y expandirnos. Estamos aquí para desaprender lo que, erróneamente, hemos creído ser.

-El libre albedrío es un poder que tiene sentido solo si creo que el miedo existe. Si creo en la polaridad de todo. Cuando dejo de creerme el miedo y dejo de tenerle miedo, dejo también de tener que elegir.

-Nuestro propósito de vida no tiene que ver con hacer grandes cosas. Todos tenemos un único y gran propósito: vivir la vida. Utilizar cada proceso para transformarnos y elevar nuestra consciencia. No necesitamos buscar grandes metas, necesitamos descubrirnos a través de cada experiencia.

-La mente nunca nos va decir la Verdad. No puede. La mente es un medio para resolver las cuestiones de esta dimensión. La Verdad solo es visible cuando cerramos los ojos y dejamos de pensar. La Verdad habita en sexta dimensión.

-El amor no se siente a veces sí y a veces no. El amor es algo distinto a la capacidad para querer. No es una elección. Es lo que somos. Amor es la palabra que utilizamos para nombrar a nuestro Ser Superior, a eso que es inmortal e ilimitado en nosotros. Ser amor debe ser nuestra elección.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Rosanna Fung

Photo by Rosanna Fung


EL PODER DEL VÍNCULO

El poder innegable de la unión, de los lazos que creamos a través del corazón y que son, sin duda, un reflejo de nuestra energía femenina, muchas veces prohibida y, demasiadas veces, cuestionada, no solo por las viejas y temerosas estructuras, sino por nosotros mismos. En algún momento dijimos sí al miedo a entregarnos. Acordamos protegernos de la incertidumbre propia de la vida, rechazamos nuestra vulnerabilidad como elemento clave para el desarrollo de nuestra creatividad. Aprendimos a llevar siempre traje, nos olvidamos del placer de vivir desnudos, del contacto de nuestra piel con otra piel. Comenzó a asustarnos el tiempo vacío de deberes y de quehaceres. Nos alejamos del poder que existe en el sentir, en el vínculo y la conexión. Bloqueamos el recibir y la intuición. Aprendimos a ser súbditos del control.

Transitamos por un largo periodo de sequía. Hombres y mujeres hemos creído y crecido en el desierto del hacer, del tener que, del buscar, de la individualidad. La productividad ha desvalorizado, hasta aniquilar, el poder que se esconde en el no hacer. Hemos demonizado, básicamente por miedo, el gran valor que tiene la vulnerabilidad, los vínculos y los afectos.

Nuestra conexión con la vida y con los otros se lleva a cabo desde el sentir. La capacidad para vincularnos es la esencia de nuestro Yin. Debemos nutrir, valorar y ensalzar los vínculos porque solo a través de ellos podemos acceder al verdadero sentido de la vida. El reconocimiento de nuestra individualidad es el paso previo y necesario para, después, podernos vincular. Lo que ha ocurrido es que en vez de utilizar el descubrimiento del yo para reconocernos como seres completos y así poder abrirnos al descubrimiento del “nos”, lo hemos usado para construir un armazón de excesiva autonomía y de no necesidad. Por supuesto que no deberíamos depender de los otros para ser y sentirnos completos; por supuesto que no somos mitades a las que les faltan partes, por supuesto que no. Pero sí debemos reconocer que, el siguiente paso, después de vernos como individuos completos, es el de vincularnos para trascender.

Si no hemos hecho nuestro proceso de individuación, creeremos que necesitamos a los otros para ser felices y, entonces, no podremos generar verdaderos vínculos que nos permitan descubrir lo que está más allá de nuestra individualidad, tampoco les daremos el valor que merecen, ni podrán ser el vehículo para nuestro crecimiento y transformación. Sin embargo, si hemos aprendido a no necesitar y a reconocernos autónomos y capaces, es cuando el poder del vínculo podrá cobrar sentido. ¿Por qué? Porque desde la puesta en valor de lo que soy, puedo descubrir el gran valor de lo que somos. Porque no necesitamos a los otros para ser y sentirnos completos, pero sí para darnos cuenta de que, además de lo que somos, podemos, debemos y necesitamos ser mucho más. Los vínculos nos permiten trascender la individualidad previamente alcanzada. Nos llevan a descubrir el poder escondido que habita en el “nosotros”. Nos conectan a un sentido más elevado de la vida.

Son los lazos y los vínculos los que nos hacen sentir que estamos vivos.

Feliz presente,

Almudena Migueláñez.

Photo by Annie Spratt

Photo by Annie Spratt

VULNERABLE

Frágil, humano, accesible, imperfecto. De corazón.

Quizá nunca has imaginado lo poderoso que es permitirte ser vulnerable. Quizá, has creído que vulnerabilidad era sinónimo de debilidad. Quizá, el aislamiento en el que vives es consecuencia, precisamente, de no dejarte ser desde tu vulnerabilidad. Quizá, solo quizá, es hora ya de aprender a reconocerte como un ser humano completo, imperfecto, con corazón, con necesidades, con vergüenzas, con carencias. Eso es la vulnerabilidad. Ser con aceptación y con todas las consecuencias. 

Y en realidad, esa vulnerabilidad de la que te hablo no es una elección, es un camino necesario. Es el proceso de reconocerte vivo, humano, abierto a esta experiencia desde el único lugar posible, el corazón. 

El miedo que tienes a ser vulnerable es peligroso y proporcional al miedo que tienes de ser tú.

Ser vulnerable es ser uno mismo. Es, pese al miedo, abrirte en canal y gritar: todo esto soy yo. Ser vulnerable es exponerte y que te de igual. Sin duda, es confiar. Es humanizarte. Es aceptar tu fragilidad, tus sentimientos, tu imperfección y tus miedos. Es el proceso de hacerte perfecto de corazón. La vulnerabilidad representa la capacidad que tienes para ser todo lo que eres desde la aceptación; es, seguro, lo que te permite la conexión con la vida y con el latir del otro. 

Vulnerable es ser sincero, es estar abierto aunque eso te pueda hacer temblar. La vulnerabilidad es el camino para despertar el poder personal. Porque solo desde el corazón, desde la abertura total y desde la confianza plena en que todo lo que somos es válido, necesario y suficiente, podremos ser fuertes, capaces y poderosos. Porque podremos transformar nuestra flaqueza en fortaleza. Porque nos sentiremos vivos de verdad. Porque la vulnerabilidad es hermosa, creativa, reveladora y necesaria. Porque esta experiencia nos invita, cada vez más, a mostrar nuestro poder y nuestra vulnerabilidad.

Feliz presente, 

Almudena Migueláñez.

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